En una oscura noche en Transilvania, el Conde Drácula observaba la pantalla de su computadora con creciente incomodidad. A pesar de que su rostro ya no reflejaba la palidez mortal de antaño, aún sentía la presión del siglo XXI sobre sus hombros. La vieja Transilvania ya no era el lugar apartado que conocía; ahora, el mundo estaba conectado por hilos invisibles, y uno de esos hilos lo había expuesto al gran público.
Drácula (murmurando para sí mismo mientras se ajusta las gafas de sol):
¿Cómo demonios sucedió esto? Hace unos siglos, me temían y me respetaban. Ahora, soy… trending topic. Estoy en Twitter, Facebook… ¡Instagram!
Una notificación en su teléfono parpadeó. Era un mensaje directo de un influencer con miles de seguidores.
Mensaje de Influencer:
”¡OMG, ¿es Drácula?! ¿Eres real? ¿Cómo sobreviviste todo este tiempo? ¡Dinos tus secretos, queremos saberlo todo! #VampireGoals #EternalLife”
Drácula dejó escapar un suspiro de frustración. “Nunca pensé que ser inmortal sería tan complicado…” pensó.
A medida que se sentaba frente a la computadora, se dio cuenta de algo: ya no era vulnerable a la plata, al sol o a las cruces. Pero, sin embargo, algo lo seguía afectando: la luz LED. No era el brillo del sol, pero las luces frías y artificiales de la ciudad le daban dolor de cabeza.
Drácula (mirando el monitor, con los ojos entrecerrados):
Esta maldita luz… Nunca debí dejarme envolver por la tecnología.
En su viejo castillo, donde las paredes resonaban con los ecos de su propia mente solitaria, Drácula comenzó a reflexionar. La era moderna lo había empujado a adaptarse. Ya no podía seducir a las masas con su presencia en la penumbra. Ahora, debía navegar un mundo de cámaras de seguridad y cámaras de teléfonos móviles. Cada movimiento suyo era capturado, cada sombra de su figura instantáneamente viralizada.
En ese momento, su teléfono vibró nuevamente. Esta vez era un video en vivo de un influencer mostrando su castillo.
Influencer en vivo:
“Estamos aquí, en el famoso castillo de Drácula. ¿Estará aquí? ¡¿Qué creen?! ¡Vamos a encontrarlo!”
Drácula (murmurando para sí mismo):
”¿Debería volver a dormir cien años? Tal vez debería irme a la Antártida. ¿Qué están haciendo estos mortales? ¡Qué mundo tan ruidoso!”
Al escuchar los murmullos de las personas afuera de su castillo, Drácula cerró la computadora con un golpe seco. Reflexionó por un segundo sobre el vacío de su existencia. A pesar de que había conquistado siglos, la ansiedad de pertenecer a este mundo acelerado, lleno de redes sociales y cámaras, lo estaba desgastando.
Drácula (pensando en voz alta):
“A veces, creo que me echo de menos… A mí mismo, como era antes, cuando la gente me temía sin necesidad de mostrarme. Pero… este maldito brillo de las cámaras y los flashes me están volviendo loco.”
De repente, su mente brilló con una idea.
Drácula (decidido):
“Voy a hacer lo que mejor sé hacer. Vivir en las sombras, aunque ahora esas sombras sean digitales. Si no puedo vencerlos… me uniré a ellos.”
Con una sonrisa maliciosa, el Conde Drácula volvió a abrir la laptop y comenzó a escribir su propia biografía en un blog. La primera entrada se titularía: “Cómo sobreviví a 500 años de leyendas… y a la tecnología”.
Fin
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